sábado, 8 de marzo de 2014

Dos soles.

No es mi intención inundarte con una plática insulsa y típica. Mi intención es ser, al menos durante esta conversación, el más magnífico narrador. No se trata de mí hablándote de ella. Se trata de un momento que llevo mucho tiempo queriendo compartir contigo. Se trata de que tengas la certeza de que no tendrás que volverte a preocupar por mí. Te quiero como a un hermano, o incluso más, por eso quiero transmitirte esto con toda la firmeza que sea capaz de reunir.

Sabes tan bien como yo que no habría llegado tan lejos sin ti. En todos los aspectos de mi vida, has sido capaz de darme tu granito de arena, los cuales me han ayudado a superar mis propias expectativas. Eres la única persona que realmente me transmite una luz brillante e inextinguible. Lo eras.

Me invadió. No existe otro modo de describirlo. Ella me invadió por completo. ¿Recuerdas todas mis dudas? ¿Todos mis miedos? ¿Nuestras conversaciones, nuestras angustias? Eran sombras tan alargadas, ¿verdad? 

Pues todo lo que tengo que decirte, es que ella es el maldito sol.